Nota informativa sobre la toxina cereulida y su impacto en la seguridad alimentaria

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La reciente retirada internacional de alimentos infantiles por la posible presencia de toxina cereulida ha generado gran preocupación en el sector alimentario y entre consumidores. Este incidente ha puesto de manifiesto la importancia de comprender este peligro alimentario, sus implicaciones para la salud pública y las medidas necesarias para reforzar el control en la industria. No obstante, no se han registrado hasta la fecha casos graves asociados a los productos afectados por esta retirada.

La toxina cereulida es sintetizada por determinadas cepas de Bacillus cereus (cepas eméticas) y destaca por su extrema estabilidad, así como por la posible presencia de toxina preformada, generada en el alimento antes del consumo, y que sigue presente en el mismo, incluso con ausencia posterior de bacterias viables. Por ello, su presencia en alimentos listos para el consumo representa un riesgo relevante, especialmente en poblaciones vulnerables como lactantes, personas inmunodeprimidas o de edad avanzada. Los síntomas asociados a su ingesta son náuseas y vómitos intensos en las 0,5–5 horas posteriores. No obstante, pueden darse casos que revistan gravedad.

Bacillus cereus es un microorganismo ubicuo en el medio ambiente y presente de forma habitual en materias primas de origen vegetal y ganadero (cereales, especias, leche, carne, hortalizas…). Su capacidad de formar esporas le permite resistir a tratamientos térmicos y persistir en ambientes húmedos, ácidos, con alta salinidad o incluso en refrigeración. El riesgo de contaminación abarca numerosas familias de alimentos, como alimentos preparados listos para consumo (carne, pescado, arroz, pasta, verduras…), cremas, sopas, leche y derivados lácteos, alimentos infantiles (leche en polvo, cereales), así como especias y mezclas secas. Además, es capaz de formar biofilms, lo que aumenta su supervivencia en entornos industriales. La utilización de materias primas tratadas por calor y de tratamientos térmicos a lo largo de los procesos de producción alimentaria favorece la selección de este tipo de microorganismos, lo que aumenta la frecuencia de su presencia en los ambientes de producción, siendo frecuente su detección en biofilms.

Entre finales de 2025 y enero de 2026 se ha producido la mencionada retirada de fórmulas infantiles que ha sido impulsada por varios fabricantes y debida a la detección de un ingrediente común contaminado con toxina cereulida durante su proceso de obtención. La alerta ha afectado a más de 50 países, con ampliaciones sucesivas de lotes y mercados. Este episodio pone de relieve como la contaminación de un solo ingrediente puede generar disrupciones globales en cadenas complejas de suministro. La repercusión comercial ha sido notable.

Respecto a su control en la industria, las estrategias deben centrarse en evitar la contaminación, impedir el crecimiento de cepas eméticas y bloquear la síntesis de toxina.

Para el control analítico de este peligro se utilizan diferentes técnicas, como cultivo de B. cereus, PCR de genes eméticos y la detección de la toxina por técnicas cromatográficas (LC-MS/MS). Se debe destacar, que la detección cromatográfica permite detectar y cuantificar directamente la toxina que constituye el peligro en sí misma sin que los dos primeros métodos dejen de ser herramientas útiles para el control microbiológico de este peligro.

Para apoyar la toma de decisiones en la gestión del riesgo, EFSA recibió una solicitud de la Comisión Europea para proporcionar asesoramiento científico sobre el umbral de contaminación a partir del cual los productos deben ser retirados del mercado. El dictamen científico breve y urgente (statement) correspondiente (Rapid risk assessment on acute reference dose (ARfD) of cereulide in infants and information on acute consumption of infant formulae) fue publicado por EFSA el pasado 2 de febrero y sus puntos clave son:

  • Fija una ARfD de 0,014 μg/kg p.c.
  • Confirma los consumos de referencia: 260 mL/kg (preparados para lactantes), 140 mL/kg (preparados de continuación).
  • Establece límites máximos en producto reconstituido:
    • 0,054 μg/L (leche infantil).
    • 0,1 μg/L (continuación).

Estos valores, sin haber sido adoptados a día de hoy como límites en la legislación europea, constituyen valores de referencia a la hora de tomar decisiones de gestión, como en el caso de las retiradas.

Respecto a las recomendaciones a los consumidores, hay que destacar que la toxina cereulida no se elimina con recalentamiento doméstico ya que el riesgo recae en la presencia de toxina ya formada en el alimento, y no únicamente en la bacteria. Por ello AESAN recomienda a las personas que tengan en su domicilio los productos incluidos en esta alerta se abstengan de consumirlos. No obstante, los casos detectados que pudieran tener relación con este incidente no han revestido gravedad hasta la fecha.

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11 de febrero de 2026

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